Protectora de Los Barrios, un lugar de acogida y refugio

 

El ser humano es capaz de lo mejor y lo peor al mismo tiempo. Cuando no dejan de sucederse noticias de abandono y maltrato animal, un grupo de voluntarios decide hacer algo al respecto y dejar de mirar para otro lado. La protectora de Los Barrios es un lugar de acogida y refugio en el que, anónimamente, desarrollan una noble labor para con los animales. Ahora, esta entidad necesita ayuda…

Desafortunadamente, son muchas las denuncias que, a diario, llegan a nuestra redacción escandalizando a la opinión pública: envenenamientos, abandonos, maltrato animal…comportamientos injustos que nos hacen reflexionar acerca de nuestros principios y valores para con los animales. Uno de los lugares en el que conocen de primera mano estas trágicas historias es el refugio de la perrera de Los Barrios.

La protectora de Los Barrios se encuentra dentro de las instalaciones de la perrera, propiedad de una empresa privada encargada de recoger cualquier tipo de animal de la vía pública. Según recoge la ley, transcurridos diez días y si no son reclamados o recuperados, estos animales son sacrificados, atendiendo a razones de higiene, espacio y disponibilidad de recursos.

En este punto, un grupo de voluntarios de la comarca han decidido unirse para salvar a estos perros que llegan hasta el centro zoológico de Los Barrios, alargando así su vida y bienestar. Para ello, cuentan con un espacio dentro de las instalaciones de la perrera en las que han construido su particular refugio: SOS Perrera de Los Barrios. Así, una vez pasados los diez días establecidos por ley, los perros pasan a la protectora donde son acogidos y puestos en adopción. De esta manera, se establece una cadena de trabajo que les permite prescindir del sacrificio automático.

En la actualidad, la protectora soporta el cuidado de hasta trescientos perros. “Hay fechas en las que esto se sobredimensiona, como en verano, en Navidad, Semana Santa, en realidad cualquier fiesta. No sólo porque las familias se van de vacaciones, sino porque a lo mejor le dejan el perro a un vecino o amigo y se escapa. Luego cuando llegan aquí y se enteran que tienen que pagar cincuenta euros por el microchip y la vacuna no vienen a recogerlo”, nos explica Rosalía Méndez, miembro de la Junta Directiva de la protectora y también voluntaria en la perrera.

Desde el momento en que llegan son vacunados. Transcurridos los diez días reglamentarios, y una vez que ya están dentro de la protectora, se esterilizan, se hacen pruebas, se curan enfermedades, se lleva al veterinario: “tratamos de cuidarlos igual que cuidaríamos a los perros que tenemos en casa”.

Rosalía nos atiende mientras trabaja a destajo. Entre sus tareas diarias, su negocio y sus responsabilidades como abuela ha sacado un par de horas para dedicar su tiempo, altruistamente, a estos animales. Se encarga del cuidado y mimo de cada uno de los perros, limpia sus jaulas, les prepara pienso y agua, tiende toallas, se coordina con otros trabajadores y voluntarios y además le queda un hueco para recibirnos.

La protectora está formada por un grupo de unos cinco voluntarios fijos. Durante nuestra visita conocemos a algunos de ellos: una pareja de jóvenes y una veterinaria austriaca. Rosalía aprovecha para explicarnos que el nivel de concienciación y respeto hacia los animales en otros países europeos es muy superior al de nuestra sociedad. “Ven lo que hay aquí, lo comparan con sus países y esto les parece una selva, el tercer mundo en cuestión animal”, añade.

Precisamente, la mayor parte de los gastos de la protectora corren a cargo de asociaciones extranjeras. “Una vecina inglesa de Sotogrande nos conoció cuando estábamos empezando. Ella se volvió a Inglaterra y desde allí montó su propia ONG, Spanish Stray Dogs, a través de ella nos apoyan, nos mandan pienso, nos pagan las vacunas. También estamos mandando perros a Finlandia y Suiza”, apunta Rosalía. Lo que nos ilustra todavía más acerca de la implicación de otras sociedades europeas en el cuidado animal.

La protectora necesita un mínimo de cinco mil euros al mes para continuar con su actividad. Tan sólo en pienso gastan alrededor de más de mil quinientos euros al mes. A todo esto se suman los tratamientos y operaciones de muchos animales que llegan enfermos. Así, aparte de la ayuda extranjera, también sacan algunos recursos económicos de las adopciones: 135 euros por una hembra y 125 por un macho, entregados con microchip, vacuna, castración y desparasitación. Desde la protectora formalizan alrededor de veinte adopciones nacionales al mes, mientras que las adopciones extranjeras son el doble.

“El problema no es que aquí entren setenta perros al mes, si no que lo grave es que abandonan a setenta perros al mes”, señala Rosalía. Y es que todos los días llegan perros en un goteo constante de abandono e irresponsabilidad social.

La página de Facebook de SOS Perrera Los Barrios cuenta con más de diez mil seguidores, por lo que no se trata de un problema de seguimiento en las Redes Sociales, sino que es una cuestión de implicación y compromiso real con la causa.

Además, en estos momentos, la protectora hace frente a otro contratiempo: el creciente número de abandonos de PPP (Perro Potencialmente Peligroso). “El problema es que la perrera debe recoger cualquier tipo de animal, tiene que decir que sí a todos. Entonces aquí llegan los que no quieren en ninguna parte: perros peligrosos, enfermos, atropellados”, explica Rosalía.

Si hace diez años los podencos era la raza que más abandonaban, ahora son los PPP. El inconveniente es que para socializar y atender correctamente a estos animales se necesita una jaula para cada uno de ellos. “Estos no podemos sacarlos de aquí porque nadie los quiere. Otras protectoras colaboran con nosotros y se llevan cachorros o perritos enfermos, pero PPP no los quieren”, apunta.

En este sentido, cualquier ayuda es significativa. Necesitan pienso, correas, productos de limpieza, toallas, mantas, donaciones y ayuda económica para tratamientos y operaciones. Además, es fundamental que se formalicen más adopciones y, por supuesto, también faltan manos voluntarias.

Para concienciar a la ciudadanía consideran que es necesario que las esterilizaciones sean obligatorias y sobre todo, muy importante, sensibilizar, concienciar y educar a la sociedad, para “que no se regalen perros como el que regala un pañuelo o un jersey”.

Rosalía dedica a estos animales entre tres y cinco horas diarias, de lunes a lunes, festivos incluidos. Lleva trabajando como voluntaria veinte años, diez en Los Barrios y otros diez en la protectora de Algeciras. “A mí no es que me gusten los perros, a mí me gusta la Coca-Cola o la ensaladilla rusa. Lo que pasa es que me da muchísima pena cómo los tratan y por eso me metí, porque me parecía muy injusto. Si no puedes tener a un perro en condiciones no lo tengas. Afortunadamente no me encuentro niños en la calle, me encuentro perros y tengo que hacer algo por ellos, no puedo mirar para otro lado. Ellos no son los culpables de que los hayamos incluido en nuestras vidas”.

Por suerte, existe un grupo de valientes que, como Rosalía, se dedican en cuerpo y alma, sobre todo poniendo el alma, a la atención, al cuidado, a la acogida y al refugio de estos animales indefensos. Ojalá que la solidaridad y el compromiso de este grupo de voluntarios que, sin esperar nada a cambio, sacan adelante la protectora de Los Barrios, se contagiase por cada rincón de nuestra sociedad para así construir un mundo mejor.

Imágenes: SOS Perrera Los Barrios

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