Paola Tobalina: “Le he dedicado mucho tiempo a la vida”

Se abre la puerta y con una sonrisa nos invita a pasar. Un jardín fresco, con árboles dando frutos y un perro guardián nos reciben con los brazos abiertos. Dentro, una mesa puesta con un juego de tazas de porcelana fabricadas a mano por su madre y un manojo de poleo recién cortado. Ojalá la música y el olor se pudieran transmitir en el papel, porque lograban una sensación de serenidad y paz. Así nos recibió en su hogar Paola Tobalina Cuerda.

Es natural de Algeciras, pero con solo seis meses se mudó con su familia a Ceuta, tierra que fue testigo de su infancia. Su adolescencia la pasó en Algeciras, volviendo a la ciudad que la vio nacer. Sin embargo, el viaje más increíble lo hace a Granada, donde estudió Filosofía y Letras obteniendo la licenciatura de Filología Española. De vuelta a casa, se traslada a vivir a Los Barrios y aquí lleva ya 21 años. Un pueblo que, según Paola, le ha aportado mucho en su vida. Una vida que nos cuenta para que la disfrutéis tanto como nosotros lo hemos hecho.

Pregunta: ¿Cómo es Paola Tobalina?

 Respuesta: Ante todo soy ahora mismo madre, es la faceta que más ha llenado mi vida. Soy una mujer solitaria, tranquila, madura. Me ha costado mucho madurar, he sido muy niña. A veces soy inconformista con la vida. Por otro lado, soy una buena confidente, una buena amiga, una buena compañera, creo que soy una buena hija y sobre todo he intentado ser una buena madre.

P: Su infancia.

R: He tenido una infancia feliz. Tengo pocos recuerdos, pero los que tengo son muy buenos. Hace poco estuve reflexionando y escribí en un artículo que hay veces que magnificamos lo que hemos vivido. Yo, que soy tan creativa, no sé hasta qué punto lo que pienso de mi infancia es real o parte inventada. Nací en Algeciras, pero con seis meses nos fuimos a vivir a Ceuta. Era como tener la sensación de vivir en una isla, porque veníamos muy poco a la Península y en aquel entonces no se viajaba tanto a Marruecos. Estudié en un colegio de monjas y recuerdo que me encanaba ir a recoger a mis hermanos con mi madre cuando salía de clase. Recuerdo una Ceuta totalmente diferente a la que hay ahora. Tuve muy buenas amigas y muy buenos amigos. Disfrutábamos mucho. Sentía en mi infancia la libertad, hoy en día no es así con tantas tecnologías. Me encantaba nadar y bucear. Me gustaba mucho la naturaleza. Fui muy feliz con mis hermanos y mis padres. Siempre estaban muy pendientes a nosotros, pero también eran independientes, notaba como ellos también disfrutaban de sus vidas.

 P: Considera que su tierra no es solo la que la vio nacer, sino que se siente de todas aquellas que le abrieron nuevos horizontes. ¿Podría explicar por qué?

 R: Cuando salí de Ceuta la sensación que tenía era como de haber estado en una isla. Salir e ir a Algeciras fue una novedad. Me marcó muchísimo cuando me fui a estudiar a Granada, me dio mucha libertad. Entonces, Ceuta me ha marcado porque es el sitio que ha visto mi infancia; Algeciras por mi adolescencia; Granada porque fue abrir un abanico de posibilidades que no conocía. Hablo de conferencias, espectáculos, teatro, cine, nuevos amigos, universidad, de todo lo que suponía estar estudiando fuera. Granada es como mi patria de conocimiento, donde me formé y donde hice mi carrera. Y después Los Barrios, porque aquí es donde he creado mi propia familia. Me siento muy vinculada a este pueblo. Me siento igual de algecireña que barreña.

P: Dice que se siente muy vinculada a Los Barrios. ¿Qué es lo que le une a este pueblo?

R: Aquí me enamoré. Además, en esta casa. El padre de mi hija, sus padres, tenían una granja de gallinas. Vivían en Algeciras, pero se hicieron esta casita para estar durante el día mientras cuidaban de los animales. Conocí aquí a Julio y me enamoré. Arreglamos la casa y vivimos aquí. Cuando me separé, él decidió irse a vivir a otro lado y Julia y yo nos quedamos aquí. He vivido momentos muy felices en esta casa, porque mi historia con Julio es una historia preciosa. Tuvo su final, pero verdaderamente tengo recuerdos maravillosos. Tuvimos una hija fantástica, que para los dos es nuestro pilar. Tengo una relación estupenda con él. Por otro lado, a ese vínculo del que hablamos hay que unir lo fácil que me ha hecho Los Barrios la crianza de mi hija. Un pueblo tranquilo, con lugares donde Julia ha podido correr, disfrutar. Ella es totalmente barreña, su acento es barreño y para ella su pueblo es lo más. Los Barrios me ha dado mucho.  Vivo muy feliz aquí.

P: Ha pasado etapas de su vida muy duras.

R: Tuve una situación personal que me marcó muchísimo. Antes de tener a mi hija Julia, me quedé embarazada y a la semana de dar a luz mi hijo murió. Eso me dejó como el shock. A partir de la muerte de mi hijo comencé a buscar el mundo interior. Dicen que los hijos son la prolongación de los padres. En este caso, yo soy la prolongación de mi hijo. Él me ha enseñado a ser como soy ahora. El dolor de sentir la muerte cerca me ha enseñado más de la vida.

P: ¿Cómo y cuándo descubre la poesía?

R: La poesía la descubro en mi adolescencia, fue complicada y fue una manera de poder evadirme de mi dolor. Una forma de dar palabras a mis emociones que en ese momento no podía compartir porque no sabía como hacerlo. Ahí empiezo a escribir. Mi hermano mayor, José Luis, que era redactor jefe de Europa Sur y fallece en 2008, era poeta. Tengo ese referente de él como persona escritora, y de mis padres que eran buenos lectores. Así, empiezo a leer y a conocer la poesía. Cuando voy a Granada se abre el abanico y comienzo a conocer a más autores, porque mi carrera lo exigía y como inquietud personal. Tengo mucho respeto con la poesía. Siempre digo que soy aprendiz de poeta. Si tuviera que elegir poemas míos para hacer un libro, creo que incluso no llegaría a hacerlo por exigencia mía personal, por como considero la poesía. Pienso que estoy aprendiendo. En la actualidad estoy más en la prosa poética. Además,  escribo artículos de opinión para un periódico, donde estoy rodeada de economistas y críticos literarios, y como la dirección me lo permite, doy mi pincelada filológica y literaria a mis artículos para que sea una columna de reflexión y placer.

P: ¿Qué significa para Paola Tobalina la literatura y en especial la poesía?

R: La Literatura para mi es importantísima. Muy importante. Forma parte de mi vida. He tenido etapas en las que he leído más y otras en las que he leído poco. Momentos en los que me he saturado y he querido vivir más que leer. Pienso que la vida es una historia literaria, la vida de cada uno. Me interesa mucho conocer al ser humano. He ganado mucho tiempo conociendo a los demás y le he dedicado mucho tiempo a la vida, a vivir. Ahora, la reflexión que hago muchas veces es que no sé cuánto tiempo me quedará de vida, pero a veces me da la sensación de no haber dedicado más tiempo a la lectura y me da reparo, porque me queda tanto por leer…

 P: Un poeta.

 R: Tres: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y José Luis Tobalina. Y un descubrimiento reciente, Piedad Bonnett.

P: Una obra.

 R: Hay muchas. Por ejemplo, el primer poema que me estudié de memoria para recitar sin leerlo fue “Secreto de mujer” de Gioconda Belli. Me parece una pasada. Luego de Ángel González me encanta “Cumpleaños de Amor” y de mi hermano “Donde solo habitan la nada y sus olvidos”, algo maravilloso.

P: ¿En qué está trabajando actualmente?

 R: Estoy con el taller de mujeres ‘La creatividad, el hallazgo del tesoro’, a través de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Los Barrios. Nos reunimos para hablar de nuestras cosas, para intentar solucionar nuestros problemas, para escucharnos unas a otras. Doy unas pautas a seguir, pero al final de cuentas soy una más de ellas. Recuerdo que en la primera clausura dije “he venido aquí para enseñar y me voy más sabia”. Las mujeres me aportan muchísimo. Estoy feliz con este taller y que el Ayuntamiento me dé la oportunidad de poder hacerlo. Luego tengo mis clases particulares con niños, que son también muy importantes para mí. Estudié Filología, pero no oposité. No puedo seguir el ritmo del sistema, soy más pausada. Los niños no solo están aquí para aprender a leer, sumar y restar, es algo más, es aprender a ser más humano, la convivencia, a no ser racistas. Debatimos y compartimos cosas. Tengo grupos muy reducidos de niños, todos de la misma edad.  En verano también los tengo, pero estamos más relajados, sin la presión del sistema. Hacemos una convivencia, desayunamos todos juntos, estudiamos un poco, pero también hacemos yoga, relajación, jardinería, etc.

P: Además, actualmente está sumergida en un proyecto para impartir clases de yoga. ¿Cómo surge esta idea?

R: Bueno, a los ocho meses de fallecer mi hermano, fallece mi compañero. Entro en un estado de profundísimo duelo, porque además no sé a cuál atender. Me quedé fuera de juego durante mucho tiempo. Muy descuidada conmigo misma, muy abandonada, mucho castigo mental. No queriéndome, no cuidándome. Empiezo a remontar, empiezo a salir, comienzan a venir los niños, que son los que me sacan del pozo. Comienzan las mujeres a querer estar conmigo, me sacan de otros pozos. Y cuando veo el equilibrio, la madurez y el momento, me apunto a la escuela de yoga. Voy una vez al mes a la Sierra Norte de Sevilla a una formación de cuatro años para poder impartir clases. Soy autónoma y me queda mucho por trabajar, así que decidí comenzar este nuevo proyecto.

P: No descansa nunca.

R: Es que a mí mi trabajo no me estresa. Cuando en verano están los niños aquí yo estoy de vacaciones. Durante la época escolar cuando suena el timbre a las cuatro de la tarde, yo estoy de vacaciones. Cuando escribo mis artículos los sábados, estoy de vacaciones. Llevo una vida muy relajada y no me estreso. Pienso que el estrés es la mayor enfermedad, la que desencadena todas las enfermedades.

P: Política o apolítica.

R: Formé parte del equipo del grupo municipal de Izquierda Unida en Los Barrios. En aquella época colaboraba con el programa de Javi Mena “Chapa y Cartón” que se emitía en Radiosol. Hacíamos tertulias, hablábamos de política y me pidieron formar parte del partido. Me pilló en una época reivindicativa y dije que sí. Luego me llevé muchas desilusiones y dije que ni una más, porque me desgasté mucho en muy poco tiempo. Cuando vi que la cosa no iba conmigo, rápidamente me fui. Respeto ese trabajo, pero me di cuenta que la política no era mi vida y no volví. Es más, cada vez estoy menos informada de ese tipo de cosas. Tengo suficiente con poner la radio media hora mientras pongo el café y escuchar un ratito el telediario. No estoy ahora en esa onda. Estoy leyendo, formándome, conociendo la filosofía budista, estoy intentado saber qué es meditar… Todo eso no casa con toda la vorágine que hay de puertas para afuera de mi casa.

P: Los tiempos han cambiado, parece ser que actualmente pasamos más tiempo leyendo a través de la pantalla de un dispositivo, dejando a un lado la tradición del papel. ¿Cuál es su postura?

R: Siempre papel. No me he leído jamás un libro en formato digital. Necesito ir a la librería, mirarlos, tocarlos, olerlos, que me recomienden. Además, no he comprado nunca un libro por internet.

P: Las Redes Sociales

R: Me he salido de Facebook. Me encantaba porque hay mucha gente que a través mía conoce la poesía, ya que me dedicaba a publicar este tipo de cosas. Pero a veces me dejaba llevar por mis emociones y escribía sobre asuntos míos personales, y luego me daba mucho pudor y me arrepentía de haberlo publicado. Puedo decir que momentáneamente, no sé si volveré, estoy descansando de esta red social. Incluso con las tecnologías, sé lo básico, no me interesa aprender sobre ellas.

P: Piensa que no son necesarias en su vida

R: Para mí no. Yo necesito tocar y mirar a los ojos, y eso no me lo da una máquina.

P: ¿Piensa que los libros se dejarán de imprimir algún día?

R: Espero que no, o por lo menos que yo no lo vea. Puede sonar algo egoísta, porque me encantaría que mis nietos lo vieran, los hijos de mis nietos, pero es muy complicado. Es algo que me da mucho miedo.

P: Librería Rosso, ¿qué significó?

R: Fue algo maravilloso. La tuve desde 2002 a 2004. La librería era como un salón de mi casa. Tenías tu mesa y tu sillón por si querías echar un vistazo a los libros. Pero creo que la gente cuando entraba lo veía todo muy exotérico. Entre mi “pintilla” y como tenía el establecimiento, los olores, las velas, muchas veces se confundían y pensaban que era un lugar donde se echaban las cartas. Pienso que les imponían y muchas veces no se atrevían a entrar. Sin embargo, fue toda una experiencia. ¿Que Rosso duró dos años? Bueno, pero lo intenté. Fueron dos años maravillosos. También me di cuenta de todo el estrés que produce ser autónoma y estar metida en un negocio donde tienes que estar cumpliendo con objetivos y pagos sin vender. Creo que me mantuve ese tiempo porque además de libros tenía otros artículos muy originales que la gente no estaba acostumbrada a ver. En aquella época eran 19.000 habitantes los que tenía Los Barrios. Hice un balance y vi que no existía una librería en el pueblo, por lo que decidí embarcarme. Pero no sé si fue porque no era el lugar o el momento, el caso es que no funcionó.

P: Fue un sueño hecho realidad, ¿verdad?

R: Así es. Además, tuve un mecenas que me ayudó a conseguir mi sueño. Mecenas que sin dudarlo confió en mi proyecto, que también fue suyo, que me ofreció una amistad sin fisuras y que fue un compañero de viaje con el que compartí inolvidables momentos y que me aportó nueve años de amor puro.

P: ¿Su mejor obra?

R: Mi hija. Sin dudarlo. Julia es especial. Ha sido mi maestra, mi terapeuta en momentos difíciles de mi vida. Ha tenido que madurar muy pronto, cosa que me pasó a mí. Ella por unas circunstancias, yo por otras. Parece que el ciclo se repite.

P: Fue homenajeada y reconocida con el título de Vencidad y Ciudadanía, en la modalidad de Cultura, en el acto institucional del Día de Andalucía de 2016. ¿Qué significó para usted?

R: No me lo esperaba para nada. Fue un reconocimiento muy importante. He trabajado mucho y muy en silencio. Supe la labor que tenía que hacer cuando llegué a este pueblo y creo que he conseguido mis objetivos. Más que el reconocimiento a nivel de ego, es el reconocimiento a nivel de cariño. Que se me reconozca lo que hago, porque lo hago con mucho amor, mucha conciencia y pongo mucho de mí en cada cosa que hago. Recuerdo que el concejal de Cultura, Manuel Molina, me pidió el currículum sin darme explicaciones, solo me dijo que confiara el él como él siempre había confiado en mí. No me lo pensé dos veces. Al tiempo vino esto. Me quedé alucinada. Lo recogí con mucho pudor, pero muy agradecida en el sentido de que verdaderamente he intentado hacer todo lo que he podido con la cultura. Desde que empecé con la librería, todas las aportaciones que he hecho, todos los recitales poéticos… Ese reconocimiento fue maravilloso, toda la gente que hubo, ver a mi madre, que ya es una mujer con su edad. Eché mucho de menos a las personas que ya no estaban… Me he sentido muy querida en este pueblo. Yo también he querido mucho y me lo he trabajado para que me quieran. He intentado ser una persona sociable, respetuosa, serena, no me gusta la crítica. Para mí el reconocimiento fue un verdadero orgullo.

P: El mundo que nos rodea ha cambiado, las cosas se complican, ¿cuál sería su reflexión sobre la situación actual que vivimos?

R:  Siento que haya tanto miedo y que estemos tan condicionados. La sensación que tengo es que todo se nos ha ido de las manos, porque no le hemos puesto corazón y le hemos puesto mucha cabeza a todo. Estoy desvinculada por no sufrir. Creo que es injusto que se le de tanta importancia a las muertes de un lado y tan poca importancia a las muertes de otro. Porque las guerras son las mismas en todos los sitios, porque todos tenemos los mismos derechos, y porque verdaderamente creo que esto se está convirtiendo en una locura. Tengo temor. Creo que tenemos que cambiar mucho. Creo que viene una nueva era de conciencia, la gente se va a dar cuenta de que se tiene que dar una vuelta de tuerca, porque ahora mismo todo está convulso. Lo mismo es un acto de cobardía, pero a veces tengo que echar la mirada a otro lado, porque no quiero ver lo que veo.  He aprendido que es complicado luchar contra el sistema para cambiar el mundo, pero como no me rindo también he aprendido que puedo hacerme responsable de mi propio mundo y cambiar lo que no me guste. Esto beneficiará a mi entorno que es la parcela del mundo que está en mi mano mejorar.

P: Desde hace muchos años es vecina de esta Villa, ¿cuál es su sentimiento hacia este pueblo?

R: El pueblo ha conocido la parte más interesante de mí, mi madurez. Los Barrios me ha enseñado a transitar el camino de la madurez con la serenidad que lo he hecho. Porque aquí he encontrado paz.

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