Saray Mena: “En Tailandia me he dado cuenta de lo afortunados que somos de vivir en Europa”

 
Saray Mena
Saray Mena, acompañada de sus amigas en uno de sus viajes.

Saray Mena tiene 25 años (cumple 26 en noviembre) y el afán de cambio ha guiado su vida. Partió de Los Barrios hace ya cinco años y ha recorrido medio mundo: Francia, Inglaterra o Tailandia han sido los destinos de esta barreña apasionada de la vida y que siempre busca respuestas a sus preguntas. Aquí reproducimos la historia que nos ha enviado desde Tailandia.

Me llamo Saray Mena. Nací en Los Barrios en noviembre de 1990 y, bueno, si tuviese que definir el motivo concreto de por qué marché del pueblo hace 5 años, no se si podría hacerlo con exactitud. Supongo que la curiosidad y las ansias de conocer nuevas cosas influyeron de cierta forma.

Pues bien, teniendo en cuenta esas ganas de conocer nuevos lugares, me concedieron una beca en mi último año de facultad para pasar unos meses en Francia, aunque dichos meses se alargaron quedándome en una ciudad de la Bretaña francesa casi todo un año. Sin embargo, llegado el momento, no me quedó otra que volver a la península pues debía finalizar la facultad.

Me gradué en julio del 2012 y, si no me falla la memoria, un mes más tarde ya tenía un billete de ida para irme al norte de Inglaterra. Quería aprender inglés además de seguir averiguando sobre nuevas culturas.

Nunca olvidaré la cara de mis padres cuando les di la noticia y en especial el comentario que hizo mi padre “¿crees que en Inglaterra se cazan los perros con longanizas?”. Longanizas o no, siempre tuve el apoyo incondicional de ambos en todas mis decisiones.

Incluso en el caso de no compartir algunos puntos de vista, ellos siempre estaban ahí y de no ser así, todo esto no hubiese sido posible. Así pues, marché a Inglaterra, y era cierto, los perros definitivamente no se cazaban con longanizas…

Los principios no fueron fáciles, trabajé muy duro en la hostelería en diferentes bares hasta que pasado un año más o menos, encontré un trabajo en el que comencé a disfrutar de verdad.

Empecé a trabajar como coordinadora de actividades en un centro de Tercera Edad. Aunque ya chapurreaba el idioma, muchas veces no era suficiente y tuve que armarme de valor e imaginación para poder comunicarme con aquellos ancianos que habían vivido la Segunda Guerra Mundial. Reí y aprendí mucho con ellos aparte del idioma.

Pase casi dos años trabajando en aquel centro, mejoré mucho mi inglés, pero sentí de nuevo esa necesidad de cambio. Encontré un nuevo trabajo con personas que no tienen la suerte de la mayoría, pacientes con varios trastornos mentales.

Dentro de la compañía trabajé en diferentes ámbitos, pero fue trabajando con mujeres de distintos perfiles mentales y penales lo que de verdad me puso a prueba. Siempre digo que soy una chica de acción pero aquello era ¡acción de verdad!

Además de trabajar conocí a gente maravillosa, personas con las que compartes momentos y sensaciones difíciles de describir, personas que, aunque te mudes de ciudad de país o de continente, son y serán parte de tu vida.

También durante mi último año en Inglaterra sin planearlo fui la escritora y directora de un  “cortometraje común” donde queríamos reflejar lo bueno y lo malo de vivir en el extranjero en una atmosfera donde el arte siempre estaba presente. “Común” porque los participantes en el proyecto podíamos aportar todo tipo de ideas por incoherentes o descabelladas que pareciesen. Diversión sería la palabra para describir aquellos meses de trabajo con amigos y artistas de todo tipo.

Una vez finalizado el cortometraje y aun con mi trabajo de acción, llegó un punto en el que no sabía lo que quería pero si sabía lo que no quería… quedarme estancada…

Entonces fue cuando di un giro de 180 grados a mi vida.

Quería mirar la otra cara del mundo, lo que otros cuentan… me fui a Tailandia. Una vez más para descubrir lo afortunados que somos… Aun con crisis, sin trabajo, sin dinero y con un sistema político de chiste gozamos de ciertos derechos mientras otros apenas conocen el significado de esa palabra.

Aunque por otra parte también diría que ellos tienen la capacidad de disfrutar los pequeños detalles mientras nosotros en nuestra “potencial y perfecta Europa” en términos generales nos dejamos contaminar por nuestro dinero y nuestro “idílico” sistema capitalista .Olvidando que no es más feliz el que más tiene si no el que menos necesita.

Finalmente si tuviese que decir que echo de menos de Los Barrios definitivamente diría que la familia, los amigos, la comida de mi madre y el salero de la gente del pueblo.

Para terminar me gustaría ser franca y añadir que dudaba sobre la idea de formar parte del periódico local (muy a pesar de mi padre que lleva dando guerra varios meses para que escriba) ya que pienso que toda persona tiene la capacidad de crear su propia historia, quiero decir, ser dueño de su vida y matizar en mayor o menor medida la misma. ¡Todo el mundo puede hacerlo!

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